—¡Bah!, deja que el llorica vuelva a casa con su mamá, Huck. ¡El pobre quiere verla…! ¡Pues que la vea! A ti te gusta estar aquí, ¿no es así, Huck? Nosotros nos quedaremos, ¿verdad Huck?
—Sí..., sí… —contestó Huck de manera entrecortada, más por compromiso que por sentimiento.
—No volveré a dirigirte la palabra mientras viva —dijo Joe poniéndose en pie—. ¡Que lo sepas! —se alejó enfurruñado y empezó a vestirse.
—¿Y a quién le importa que me dejes de hablar? —respondió Tom—. Nadie te necesita. ¡Vete a tu casa y que se rían de ti! ¡Vaya un pirata de pega! Huck y yo no somos unos bebés lloricas. Nos quedaremos aquí, ¿verdad, Huck? Que se largue si quiere. Podemos arreglárnoslas sin él.
No hay nadie como Tom Sawyer para conseguir que sus amigos trabajen por él sin que se den cuenta, para realizar conjuros que no siempre funcionan, para meterse en líos y salir bien parado, para buscar tesoros junto a su gran amigo Huckleberry, o para formar una banda de peligrosos forajidos… Estas son sus increíbles aventuras, una de las obras maestras de Mark Twain, maravillosamente ilustrada por Beatriz Barbero-Gil.
